El shakedown de Barcelona no está diseñado para medir el rendimiento puro de cada auto. Su función es mucho más básica y, al mismo tiempo, decisiva: comprobar que todo funciona.
Empezó ayer y los equipos cuentan con un máximo de tres días para completar este shakedown, que pueden distribuir entre lunes y viernes. No se trata de un test continuo ni obligatorio, sino de una instancia flexible pensada para validar sistemas básicos, detectar fallas temprano y realizar los ajustes iniciales. Con autos completamente nuevos, esta fase resulta aún más crítica que en otras pretemporadas.